El espejo de la infancia: Cómo la mirada de los padres define nuestra identidad
La construcción de nuestra identidad no ocurre en el vacío; es un proceso tejido por el entorno y los vínculos más tempranos. De todos los factores que moldean quiénes somos, la influencia de las figuras parentales destaca como el cimiento más profundo y, a menudo, el más invisible.
“La idea que tienen nuestros padres acerca de nosotros durante la infancia puede afectar nuestra visión de nosotros mismos durante el resto de nuestra vida”.— Morton Schatzman, El Asesinato del Alma.
La internalización de las etiquetas
Durante los primeros años, los cuidadores actúan como el primer espejo donde nos miramos. Un niño carece del "filtro crítico" que desarrollamos al ser adultos; por ello, las expectativas, miedos o descripciones que los padres proyectan son aceptadas como verdades absolutas.
Cuando un niño es catalogado de forma repetida bajo etiquetas como "el distraído", "la sensible" o "el difícil", estas palabras dejan de ser opiniones ajenas para convertirse en un marco cognitivo propio. Esta internalización dicta, de manera inconsciente, los patrones de comportamiento y las decisiones que tomaremos décadas después.
Hacia una reestructuración de la identidadEl análisis de Schatzman sobre la represión y la educación autoritaria nos invita a cuestionar: ¿Qué parte de lo que soy hoy es realmente mío y qué parte es un eco de lo que esperaban de mí?
Desde la perspectiva psicológica, tomar conciencia de estas influencias no busca repartir culpas, sino abrir una puerta hacia la libertad. Reconocer estos mecanismos es el primer paso fundamental para reestructurar el autoconcepto en la edad adulta, permitiéndonos soltar etiquetas heredadas y construir una visión de nosotros mismos mucho más auténtica.

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